El ajuste de cuentas se produjo justo en en el momento en que todavía había mucha gente que estaba dejando la cancha tras el 0-1 ante el club de Boedo. Bracamonte, de 52 años, no había ingresado a la cancha. Se encontraba junto a Daniel “Rana” Atardo, su número dos en los paraavalanchas, que también resultó gravemente herido y murió como consecuencia de la balacera. Ambos fueron trasladados al Hospital Centenario, pero los médicos ya no pudieron reanimarlos. El Ministerio de Seguridad provincial reforzó la guardia en el centro asistencial, ya que se produjeron algunos desbordes con familiares de las víctimas.
Bracamonte, de un largo prontuario, había sido víctima de varios atentados en los últimos tiempos. Se cuentan más de 20. Incluso, luego del último clásico que Central le ganó a Newell’s por este mismo torneo, había sido atacado en el Parque Alem. En aquella ocasión recibió un balazo en la espalda cuando estaba junto a su pareja, Agustina. Sin embargo, nada le pasó. Tras ser asistido en el Hospital de Niños Zona Norte y luego derivado al Hospital Centenario, fue dado de alta. La mujer, de 34 años, también resultó ilesa pese a haber sido alcanzada por un par de proyectiles.
En las últimas horas su nombre también había estado en las noticias, dado que el viernes fue condenado a prisión por violencia de género contra una ex pareja.
Otro aspecto que la justicia investigaba es el presunto lavado de activos por parte de Bracamonte, cuyo ascenso económico fue puesto bajo la lupa. Desde que se erigió como líder de la barra brava de Rosario Central, hace más de 20 años, su patrimonio creció considerablemente, lo que llevó a las autoridades a investigar el origen de sus fondos.
En junio de 2019, Bracamonte también fue imputado por haber intimidado a Jorge Andrés Bilicich, representante del futbolista Gastón Ávila, exigiéndole un porcentaje de la operación de venta de Rosario Central a Boca. Durante la audiencia realizada en el Centro de Justicia Penal, el fiscal Moreno detalló cómo Bracamonte utilizó su influencia sobre los dirigentes del club para lograr que Bilicich accediera a entregarle el 20 por ciento de las ganancias obtenidas en la operación.
Según los testimonios presentados, Bracamonte citó a Bilicich en un bar, donde le comentó que investigó sobre él y que sabía que era una buena persona, lo que fue interpretado como una ostentación de su poder dentro del club. Finalmente, Bilicich, temiendo posibles represalias, entregó dos cheques por un total de más de 1.300.000 pesos, cediendo así a las presiones ejercidas por el jefe de la barra brava.
