Las nubes de las fumigaciones que cubren las calles y los espacios abiertos, se volvieron parte del paisaje cotidiano, convertidas en la principal demanda de los vecinos, que confían en que esa medida los ayudará a exterminar al Aedes aegypti, el mosquito que contagia el dengue, esa enfermedad que este año ya sumó cerca de 30.000 contagios y nueve fallecidos en Tucumán.
Pero esa confianza ciega en el efecto del insecticida choca con la realidad que muestra que mientras las fumigaciones se multiplican, su efectividad retrocede, al punto que, por el efecto que se le atribuye al descontrol en el uso de los tóxicos, hoy se detectan cada vez más “supermosquitos” que resisten todo lo que les tiran.
Esto es lo que ha determinado un grupo de investigadores del Conicet, que efectuó un trabajo en el país, encontrando ejemplares de Aedes aegypti con mutaciones genéticas que los hacen resistentes a dosis normalmente letales de insecticidas.
Hay tres tipos de variantes genéticas: el mosquito sensible al insecticida, el que presenta una mutación que los hace resistentes pero en un nivel bajo y el que muestra dos mutaciones y se vincula a una resistencia alta, siendo este último el que hallaron en el noroeste argentino.
El uso de insecticidas, pero sobre todo el mal uso de insecticidas, influye directamente en el proceso, aseguró la profesional. “No siempre son utilizados por profesionales, que saben cómo funcionan estos pesticidas, en qué dosis y horarios. El insecticida es más que necesario; es una herramienta muy útil en el marco de una epidemia. El problema es cuando se usa mal porque, lejos de controlar una situación, favorece a que aparezca resistencia y a que cada vez sea más difícil controlar los brotes de dengue. Por eso, hay que tener mucho cuidado y recurrir a gente capacitada, que pueda conocer sobre insecticidas y sobre la biología del mosquito”, detalló la profesional.
Para la especialista, se trata de un cuadro de situación que nos tiene que poner en alerta, sobre todo al sistema de salud. “Que haya poblaciones resistentes quiere decir que las herramientas que contábamos para fumigar ya no están siendo útiles como se pensaba. El uso de insecticidas llegó a una situación preocupante, porque va bajando su eficiencia y hay que tratar de encontrar otros productos que tengan un bajo impacto ambiental. Los piretroides, que son insecticidas muy utilizados porque son tóxicos para insectos pero no tanto par otros tipos de organismos, ya han generado resistencia tanto en los Aedes como en otros insectos. Por eso es importante tener alternativas. En Argentina no se aprobaron otros tipos de compuestos para uso domisanitario; es decir, para el control de insectos dentro de los domicilios. La situación es grave porque nos quedamos sin otras opciones”.
“Es preocupante porque vemos que año tras año la situación empeora ya que hay más cantidad de casos de una enfermedad grave y potencialmente mortal. Se trata de una patología que tiene que ver con el cambio climático; que nos está afectando porque tenemos una mayor presencia de mosquitos. Las autoridades no pueden negarlo, sentenció la investigadora.
