El combinado de Luis Enrique desplegó un dominio absoluto a puro toque. Necesitó tres aproximaciones para abrir el partido ante los asiáticos: primero, un zurdazo de Sergio Busquets desde larga distancia que se fue demasiado alto y después dos cabezazos de Morata, el último con destino a la red tras un centro milimétrico de César Azpilicueta.
Los de Hajime Moriyasu, en tanto, salieron a tratar de forzar algún error e insinuaron algo de peligro con un remate de Junya Ito que se estrelló con la red lateral del arco de Unai Simón. No apareció Takefusa Kubo, de quien se esperaba algo más, y les duró muy poco la posesión de balón. Pero también es cierto que a España le costó profundizar, sobre todo en el último cuarto de hora que se volvió inofensivo.
